No te quedes en «gracias por tu ayuda». Añade un detalle concreto sobre lo que hizo la otra persona y cómo te ayudó; eso da peso al mensaje.

Adapta el tono a la relación. Un agradecimiento profesional puede ser breve y claro, mientras que a un amigo puede sonar más cercano. Termina con un deseo sincero de seguir en contacto, sin forzar una petición.